domingo 14 de septiembre de 2008

Alquimia

Nos escondemos en el garaje.
Uso tu tarjeta, con las montañas de fondo.



Tus dientes brillan sólo con mis carcajadas...
Separo mis párpados entre luces intermitentes.
La música empuja mis piernas.
Podría intentar seducirte.
Rodear con firmeza tus caderas, susurrarle una fantasía a tu perfume.
...
Mis músculos se adormecen.
Bailamos un rato y volvemos al garaje.
Mi nariz comienza a sangrar.
Tu vestido se acorta.
...
Mis brazos se liberan, mis labios abandonan la pelea.
Casi amanece y me abrazás hasta tu auto.
Enrollo 5 euros, mientras los que se van pueden ver cómo se empañan los vidrios.
Con los ojos cerrados, susurrás: no sigas.
Tu cuerpo desnudo, tus uñas en mi espalda.
Y yo sólo con mis zapatillas.
...
No importa que no notaras mis pupilas.
Que nunca las besaras.
Lo se, te asustaban...
Y sólo deseabas que cambiaran.

jueves 21 de agosto de 2008

Rompecorazones

Aunque sabía que volvía, no me dijo que estaba celosa.
Y lo primero que noté fue cómo su cuerpo se había teñido de un gris seco.
Ni siquiera las lluvias habían evitado que su rostro se resquebrajara.
Estaba tan hermosa...
Llegué.
Mañana me encuentro con ella.
Se pone dulcemente nerviosa.
Se avergüenza de aquellos que recorren su piernas con crueldad.
Se esconde en excusas para alejarse de mis besos.
Le cuento que mi corazón está sano.
Me susurra: ahora no se lo des a nadie.
Nos encontramos en una laguna.
Diez mil kilómetros más juntos.
Tan cerca de volver a herirnos.
Y sus mejillas enrojecieron las olas.



Esquiva mis labios. Demasiada soledad, demasiadas decepciones.
Si me dieras una oportunidad.
No quiere. Me sacude y me aleja, con las manos más suaves y tristes que alguna vez rodearon mis dedos.
Subite a otro avión, me exige, mientras baja su mirada hacia los adoquines húmedos.
...
Compraré un ticket para alejarme de tu rechazo.
Intentaré no despertarme con el deseo de tus caricias.
... nunca olvidaré tus ojos.
Ni todo el veneno de mi pasado.

jueves 17 de julio de 2008

Cerca

Dos semanas alejado de la ciudad, en la montaña, mezclado con el silencio que se interrumpe sólo cuando se acercan los animales salvajes y hambrientos que habitan en el bosque que me rodea.
No se lo que sucede en el mundo. No tengo internet, teléfono, ni tele.
Simple.



Interrumpo la calma para viajar a Francia, otra vez. Recorro todas las ciudades entre Marsella y Niza.
El tiempo parece detenerse.



Vuelvo a Barcelona y la veo diferente. Encendida. Fiestas y despedidas alegres.




Pago sobrepeso por el equipaje. Estoy en Madrid, la ciudad de los bares. Las horas se me escurren.
La luna se atrasa. En la Puerta del Sol los turistas gritan, los vagabundos miran en silencio y (demasiados) policías merodean. Todavía es de día, a pesar de que los relojes marcan las 22 y los termómetros, 33 grados.



Se que no debo mirar atrás.
Que el amor no se confiesa.
Hoy es la última noche de este sueño.
...mis venas lo saben.

jueves 26 de junio de 2008

Cicatrices

Sacude su cuerpo y su cabeza como si escuchara las voces de un chamán. Tiene una mano enyesada y en la otra una botella de cerveza, una mejilla cortada y tres gotas de sangre en una camisa sucia. Grita. Su rostro se transforma cuando grita. Pasan delante suyo dos suecas en topless y las corre unos metros. Ellas, tapándose, se esconden detrás de una palmera que parece secarse.
Estación Lesseps.
Guantes blancos. Gorra blanca. Abrigado para el invierno. Franela blanca para la trompeta. Reluce. Los turistas le sacan fotos y rechazan su invitación a conversar. Resignado, se coloca sus lentes negras modelo 80 y se concentra en su instrumento. Desafina y cuenta las distantes monedas que caen dentro de su estuche negro.
Estación Vallcarca.
Le faltan todos los dientes. El rostro, enrojecido por el sol. Una remera salmón subida hasta justo donde empiezan sus pechos. Observa su reflejo en la ventanilla del vagón. Murmura. De pronto, mientras se acaricia el estómago flácido, dice: Qué guapa que soy.
Estación Liceu.
Calles serpenteantes, donde los balcones casi se tocan, donde el aire se rehúsa a pasar y a secar los corpiños que cuelgan a tres metros de los adoquines.



Una cueva, con varios recovecos, que termina en una pequeña barra de luces amarillas. Las paredes transpiran y sólo se oyen voces. Hay mesas largas, donde también se comparten las risas. Y no hay música.
Estación Drassanes.
Debajo de una obra de Botero, rueda una botella de whiskey vacía.
El dealer, debajo de un farol de 1873, mira alerta.
Las persianas se desenroscan y cubren las vidrieras.
Las putas copan la oscuridad de un callejón.



No hay caminos, ni huellas.
Sólo sal.

martes 24 de junio de 2008

Ese viejo sampler

Un mes de vacaciones. Mis sueños vuelven a parecerse a esos que hace mucho no tenía.
El vecino de enfrente interrumpe mi descanso con Celia Cruz a todo volumen. Decora su balcón con guirnaldas violetas y verde agua para darle la bienvenida al calor. Es la Revetlla de Sant Joan, una de las fechas festivas más esperadas.
Primero Sant Pol. Una hora de viaje en coche hacia el norte. Playas más tranquilas, donde el nudismo es tan natural como antiestético, y la arena se transforma en piedras de 5 centímetros.



Tapas y vino blanco para almorzar. Luego caminamos un rato hasta que encontramos una roca de 3 metros de alto. Saltar cuando llega la ola, ni antes ni después. Antes de la primera zambullida, se me viene a la mente la película de Javier Bardem y me detengo un instante. Espero un rato más a que suba la marea.
Snorkel y pequeños peces en un mar azul y limpio. Piedras y un silencio que calma.



Por la tarde, ya de vuelta, vamos a las playas de Barcelona, que de a poco comienzan a llenarse. Otra multitud. Esta noche serán más de 85 mil en la playa. Por fin los fuegos artificiales.



Algunos hacen fogatas, que tendrán algún significado conmemorativo. Otros sólo llegan con sed. Y más allá hay unos pocos que se meten al mar. Me saco las zapatillas y me mezclo entre la gente.
El balneario de al lado es el gay. Allí hay el doble de gente. Los flyers prometen circo.
Me concentro unos minutos en la música. Dj´s minimalistas, pero que recurren demasiado a samplers que ya aburrían a finales de los 90.
Igual me acerco al centro del microdancing. Apretados.
Podría haber robado caricias nuevas. Hoy no tengo nada para darte.
...
Amanece nublado, después de una semana sin lluvias.
Me voy a dormir. Mucho.

viernes 13 de junio de 2008

OK Concepto

Hacía mucho que no me mezclaba con más de 20 mil personas. Packt like sardines in a tin box. Lo primero que vi, que todos bebían de un vaso verde de plástico. No había descartables, sólo ese. Ecología. Me detengo bajo el mangrullo y hago un recorrido con la mirada. Me detengo en la fábrica que será testigo de todo. Videotape.



Faltaban dos horas para que empezara Radiohead. Decidí ir a ver a Low, la banda que en general les hace de soporte. Tocaban en el Auditorio del Párc del Forum, que es como el Planetario, pero recto. There there.



Salí para buscar un lugar cerca del escenario antes de que terminaran. No fue muy difícil. El público me resultó extraño, estático. 15 steps de J. Grenwood, que se pasó medio recital agachado, con su espalda doblada hacia delante. Botón aquí, teclado allá, pedales impares. Resultado genial y marca pasos de las canciones más electrónicas. Cuando coreaban su nombre, algunos “despistados” se unían a otras gargantas y escupían: ¡Gringo! 2 + 2 = 5.
72 tubos de luces colgantes, de entre 10 y 20 metros, eran la completa decoración del escenario. Como largas gotas de lluvia, cambiaban de color de acuerdo al sol de cada canción. Rainbows. Todos las composiciones, un único concepto.
No tocaron Creep, ni Karma Police, ni tampoco muchos otras canciones que el público quería escuchar. Sin embargo no faltó nada. Everything in its right place.
Apenas un par de palabras de agradecimiento de Thom Yorke, que tocó la guitarra, el piano e incluso la batería en una canción. Durante Nude fue cuando más interactuó con la gente, a través de una pequeña cámara que estaba sobre la madera de las cuerdas y los martillos.
Terminó la canción y vi al “Mochilaman”, que llevaba un barril de cerveza colgado en la espalda y recargaba los vasos verdes. Cuando me acerqué a él, me di cuenta de que lo conocía. La semana pasada atendimos juntos una barra en un evento. Nos saludamos y me regaló una carga. Así como lo vi, lo perdí de vista. How to disappear completely.
Abandonaron el escenario luego de una hora y media de recital. Bises. 35 minutos más de música.
El aroma del mar comenzó a colarse en el amontonamiento. Los cuerpos tomaron distancia con rapidez. Se calmaron. Let down.
Aftershow. Where do we go from here?
Pasó más de una década desde OK Computer. Once años, con el deseo de verlos en vivo.
Nice dream.

miércoles 4 de junio de 2008

Crazy eyes

Me busca. De alguna me hace saber que está pendiente de mi. Lo más probable, que me regale su reflejo, o su luz.



Ahora que una despedida se acerca, me enrosca con sus piernas. Estuvimos enamorados, no lo niego. No la olvidaré. Y es probable que más adelante la quiera recuperar.
(Si al menos me dijera cómo son mis ojos).



Me distraigo con nuevos planes. La semana que viene, Radiohead en el Festival Daydream, y más adelante, otra vez Francia.
...
Leo opiniones de breves amantes, que en una noche creen conocerla.
Controlo mis celos con una sonrisa cínica.
Y mi otra parte, esa que se perdió partidos de fútbol, tardes de pesca, noches de cerveza y conversaciones frágiles, comienza a fortalecerse. Aún con el peso de la ausencia en nacimientos y cumpleaños, gana espacio en la vigilia de mis paseos.
Intento equilibrar mis deseos. Aunque se que finalmente decidirán por mi. Es inevitable. No me boicoteo.
Y por las noches escucho su voz.
No siempre clara, excepto por ayer.
Me susurró, justo antes de que me quedara dormido, que sí,
que lo haría por mi.

domingo 25 de mayo de 2008

About a girl

Mayo lluvioso. No hay truenos ni relámpagos. Sólo nubes que juegan a reflejarse en charcos caprichosos. El viento seco calma mi ansiedad, cada vez más real.
Hi, how are you?
No es que sueñe con Marilyn Monroe, no. Sólo que será una noche larga...
Try to love (again).
Tres gotas se detienen en sus mejillas. Sólo esa imagen me hace sonreír. El resto lo conozco.
Avenida Gaudí.



Sus labios me abrazan y me susurran: no te vayas, te regalo el mar. Le devuelvo el beso y se ilumina.
Aguanta el llanto mientras las nubes se dispersan. Ninguna esquina se muestra débil; y los semáforos, con su complicidad carmesí, detienen el pulso de nuevos sueños.
Mis silencios la asustan. Es inevitable que decida alejarse.
Fish.
Un ritual extraño, cercano. Una cicatriz inmensa.
Wish.
No puede comprender mi distancia. Ni que no me quite las zapatillas para hacerle el amor.
Me devuelve frío, si no la miro. Y cuando la visito, abre sus grandes ojos azules hasta vacilarme.
Me promete un encuentro con Daniel Johnston y la remera que usó Kurt Cobain durante un año seguido.
No le digo que me gustaría volver, intentarlo de nuevo.
Entonces cierra los ojos y se traga todas las estrellas.

domingo 18 de mayo de 2008

Alas

Ayer volví a ver fotos suyas. El tiempo pasa demasiado rápido, demasiado perceptible.
Imágenes donde recorro sus curvas, toco sus brazos y descanso en su sonrisa, se agolpan en mi memoria.
No necesito olvidarla, ni odiarla si la luna ilumina su espalda desnuda lejos de mi futuro.
Abrazo lo que me quedó.
Transformo la nostalgia en momentos mágicos, en nuevas promesas que le susurré mientras bordeaba su río.
Alguna vez anhelé ir a buscarla otra vez. Y en las fotos, en esas fotos, puedo reconocer que no es feliz sin mis paseos.
Rodeada de gente extraña, sabe que ningún otro le dará mis latidos, ni mis cartas.
Podemos fingir, escaparnos, excepto cuando...
¿Estarás celosa, ahora que me cubre otra brisa?
¿O, al escribirte, será mi nueva novia la que se enfurezca?
Tendré que inventar promesas para calmar su oleaje.
Sin embargo, percibo una atmósfera extraña. Observo una línea de humo que duerme sobre el horizonte, y que retrasa la llegada de un nuevo verano.
Por un tiempo me alejaré de los aeropuertos.
¿Qué dirías si me quedara para siempre?
¿Alcanzaría para que reacciones? ¿Podrías ocasionar un terremoto para decírmelo?
Y allí está ella. La que me espera dentro de poco.
No se cómo la encontraré, si volverá a seducirme con su ingenuidad.
Con sus imperfecciones, con ese veneno diario.
Y entonces también me pregunto si BA estará celosa.


martes 29 de abril de 2008

Si la ves...

Sueño con los ojos abiertos.
Entro a un cyber para terminar una nota para una revista. No encuentra la tecla de las tildes ni la ñ. El corrector está en francés. Y la encargada es una coreana. Me resigno y acelero la edición de la entrevista.
Una hora después salgo apurado en busca de un baño. Los bares y restaurantes permiten su uso sólo a clientes. Miro los precios en los atriles que colocan en sus entradas. Sigo de largo, mientras apuro el paso.
Por fin la solución.



Prácticos. Pequeños y malolientes. Suspiro fuerte con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás. Me río solo mientras escucho las voces de la gente que camina a mi lado. Antes de salir, imagino cómo se podría mejorar el diseño interior.



Palacio por aquí, palacio por allá. Bob Dylan en el mp3.
Es casi todo parecido a lo que vi en otros lugares, pero siempre con un detalle extra. Cada barrio, con sus particularidades, es una pieza que luego de unas horas se convierten en un todo sobrecogedor.
La ciudad no me impacta, me pide que la seduzca. Poco a poco.
No escucho gladiadores como en Roma, ni miles de herraduras ordenadas detrás de Napoleón.
Son las atractivas francesas, es la música del río, el aroma a libros usados, el deseo de volver a verla, el viento idiota...
Y desde la última noche que dormimos juntos, sueño con ella.
... si la ves, dile que estoy bien, que no la olvidé.
Y dale un beso de parte mía.

martes 22 de abril de 2008

Sonrisas

Las dos primeras horas me recibieron con una suave llovizna. De a poco, las nubes se dejaron arrastrar por el viento y al atardecer, el sol iluminaba los románticos puentes de la ciudad.



Para poder visitar cada barrio, cada punto mágico de París, tuve que recurrir bastante al uso del subte.



Desde casi cada esquina, se pueden observar varios monumentos históricos, museos o fuentes. Incluso la Torre, o el Sagrado Corazón pueden verse, con diferentes perspectivas, a medida que se recorren calles alejadas. Y no es posible caminar rápido, cuando a cada pestañeo aparecen imágenes que se convertirán en nuevos recuerdos. De los imborrables.



Y no tuve compañeros de cuarto que roncaran, ni dificultades con el idioma. A pesar de que me habían advertido que los parisinos eran antipáticos, durante toda mi estadía se encargaron de demostrarme que ese prejuicio era falso. Desde mi arribo al aeropuerto, donde me indicaron donde tomar el tren hacia el centro, hasta la paciencia de las vendedoras de baguettes por entender que las quería sin mayonesa, los franceses demostraron que también son amables.
Y el refinamiento de las mujeres, la mayoría de las veces remarcado con una sonrisa que parecían réplicas de la de La Gioconda, no dejó de enamorarme ni un segundo.
Las dos noches pude dormir con esa calma que te abriga cuando sabes que has alcanzado algo que siempre soñaste.
Empiezo a pensar en los próximos viajes. Todavía no he decidido qué país visitaré.
Armo el bolso, otra vez casi vacío. Dejo el hotel de Rue de Crimeé y tomo el tren hacia el aeropuerto.
Y mientras juego al Gran Turismo en una de las Playstation del hall 3, pienso que debo regresar a París alguna vez. No se cuándo será, sólo se que es inevitable.

martes 8 de abril de 2008

Narigón compadre

Busco la dirección en internet. Una cuadra de casa. El precio, accesible. El horario también.
Me pongo la campera y bajo las escaleras ansioso por verlo.
Suena un acordeón. Estoy en una sala de teatro antigua, iluminada por completo con lamparitas coloradas. Sólo la mitad de las cien sillas están ocupadas. Se suma una guitarra.
Enseguida retumba el contrabajo; y aparece él, con un pañuelo rosa enroscado al cuello y un sombrero del 900 que le cubre todo el rostro, excepto el mentón.
El silencio de la sala abraza su garganta y sus constantes gesticulaciones. Tres tangos, nos saluda y sale del escenario.
Luego de cinco minutos, volvemos a oír esa voz, pero no lo vemos. De pronto, vuela sobre nuestras cabezas un zapato de Daniel Melingo. Aterriza entre los instrumentos y enseguida aparece él detrás. Sonríe cómplice con su público. A partir de allí, el juego se hizo constante durante todo el recital.
Entre humos, bromas, seducción de faldas de primera fila y poses para fotos de un megapíxel sin flash, se quita el otro zapato. Medias incluidas.
Casi dos horas de tangos bajos, entre miradas desconcertadas de algunas catalanas que se perdían en el lunfardo y ruido a hielo chocando en el vidrio, ya tibio.
Siempre descalzo. Caminar, actuar, transpirar. Entre cables de sonidos e iluminación. Los pies desnudos, las manos incontrolables.
Veo los rostros del público y es fácil darse cuenta cuáles son argentinos. Los que corean los estribillos, los que celebran cada gesto breve. Los que no les explican a sus novias catalanas cada palabra arrabalera.
Y en el penúltimo tango menciona a París. Trato de no pensar en el viaje, para no perderme el final del show. Lo que es seguro es que tengo que llevarme un disco suyo a Francia.

viernes 28 de marzo de 2008

Cortinas

Abro la ventana del cuarto para que entre la luz del día. El calor se pega en mi pecho, luego de casi un año de bufandas y árboles desnudos.
Suena mi teléfono. Me invitan a una ciudad en las afueras de Barcelona. Bebidas y bocadillos, otra vez, para el viaje.
Cada vez que me subo a un auto, veo un GPS pegado al parabrisas. El trazado de las rutas es intrincado, las indicaciones son escuetas.
Sin embargo, llegamos a Girona sin perdernos. Sin saber nada sobre la ciudad, comenzamos a caminar por calles estrechas, similares al dédalo del Gótico que casi memorizo del todo.
Si bien anochece un poco más tarde, el frío todavía se siente cuando las luces se encienden.




En el viaje de vuelta decidimos ir a cenar a la montaña. Cuando llegamos, lo primero que hicimos fue correr las cortinas para ver el valle que titilaba a través del ventanal.



La salamandra nos cobijó de inmediato. Música, conversación y risas. Me abstraigo un momento y pienso, como siempre, en las personas que desearía que estuvieran aquí. Recién ahí puedo sonreír por dentro, sentirme completo.
Aunque después me pregunten de qué me río, aunque no me crean que sólo es porque estoy feliz, no dejo de hacerlo.
Desciendo la montaña cerca de la madrugada, sólo con mi libertad como testigo de que mis uñas se fortalecen.
Tomo el metro en un andén solitario. Subo el volumen de mi mp3 y cierro los ojos.
Sube el último disco de Moby por los auriculares.
Me doy cuenta de la brevedad de los viajes. De cómo el tiempo se escurre, tan fugaz.
Y París, cada vez más cerca.

martes 18 de marzo de 2008

Sentidos

Un bocadillo para el viaje. Y algunas bebidas.
Durante el camino hubo un momento en que nadie habló. Fueron sólo los minutos que duró una canción. Los parlantes del coche distorsionaban un poco, pero no importaba. Me asomé un poco por las ventanilla para tocar la brisa y sentir como la cabeza se me iba hacia atrás. Cerré los ojos y me concentré en la música mientras el calor del asfalto se mezclaba con el aroma del pasto recién cortado de los campos que retrocedían veloces.
Otra vez los latidos que se aceleran. Me acostumbro a la constante, con una sonrisa interior. Bajamos del auto a una cuadra de la playa y decidimos recorrer las calas hasta que oscurezca, una tras otra.



Las piedras dibujan figuran extrañas y decorativas. El agua llega cristalina y fría. El sol aparece y se esconde.
Tres pescadores controlan sus cañas, mezclados en un paisaje ideal para compartir ese exacto momento.



Platja d´aro. No averiguo el origen del nombre, ni la población, ni ninguna otra información. Sólo me dejo atrapar por el magnetismo de la sorpresa, del no saber.
Nubes aisladas amenazan con arruinarnos el día, sin perder su tibieza. Lo único que humedece mi rostro es la sal de las olas cuando rompen justo debajo de mis pies.
Volvemos al coche cuando el viento de las estrellas comienza a empujarnos hacia la ciudad.
Sacudimos nuestros pies y nos abrigamos.
Cuando casi llegamos de vuelta a Barcelona, sintonizamos en la radio la misma canción de la mañana. Pero esta vez nadie dejó de hablar. Ni de reír.

viernes 7 de marzo de 2008

Calma

Ausencia de stress. Comienzo a programar mi viaje a París con las imágenes aún frescas de Roma.



De vuelta en la ciudad, busco panorámicas y nuevos senderos.



Algunas vistas son similares a las que encontré en los alrededores del Vaticano. Incluso la brisa muda que cubre las cúpulas y los adoquines pareciera ser la misma.



Paisajes y horizontes. Paseos y miradas. No hay sonido.
Sí noto el aroma del mar. Presto atención y, de a poco, alcanzo a oír las olas.
La sal vuela hasta donde estoy.
La noche comienza a retrasarse. La gente se anima a desnudar sus pies en la arena. Hunden sus dedos, ya sin gorros ni bufandas.
Terminan seis meses de otoño e invierno. Comienza medio año de sol y calor.
A casi mitad de camino, decido acelerar el cruce de fronteras.
También empiezo a pensar en el futuro...
Poco a poco, como suelen repetir los catalanes.
Todo se resuelve a su debido tiempo. No hay que atropellar las decisiones. Tampoco quedarse inmóvil.
De a poco.
Y sin stress.